ECUADOR EN UNA ELECCIÓN DE GUERRA FRÍA

La desnacionalización política de una nación-satélite

Existen dos formas de gobierno dominantes en el mundo contemporáneo. O bien una connivencia entre el poder económico y el poder político instalando una narrativa a través del control de los medios de comunicación, o bien un gobierno fuerte y autoritario, que en su pugna con el poder económico censura los medios que a este pertenecen. Notamos que, de 2017 para acá, el gobierno de Ecuador fue lentamente mutando de lo segundo a lo primero.

Debe agregarse que la evidencia apunta que Ecuador ya es un narcoestado, donde la competencia por el poder político está estrechamente ligada a la competencia entre grupos criminales internacionales que financian a cada partido. Si bien los medios de comunicación y toda la caja de resonancia del poder, donde encontramos hasta periodistas deportivos, intentan instalar que este es un mal de un único partido, convengamos que Lasso fue comprobadamente socio de la mafia albanesa y la cocaína llega a Europa en cajas de bonita banana.

En este contexto de alta violencia, la emoción fundamental de las elecciones contemporáneas de Ecuador es el miedo, poniendo como solución a la inseguridad la ineficiente inmediates de las armas por sobre la creciente solides de los libros. De esta forma, irónicamente, es cuando la droga (mercado mucho mayor al PIB de Ecuador) maneja la política, que la población ofrece a las ratas que eligió para representarles su sueño húmedo: un estado policial LEGITIMO avalado por la consulta popular. Esto solo agranda el botín político, y su competencia. Así, estas elecciones se caracterizan por el miedo como emoción y la desnacionalización política como sistema.

El Voto Estratégico

Al vislumbrar una serpiente, el conejo antes mismo de ser atacado se convierte en presa, del susto se le para el corazón, dejando que su alma escape de su cuerpo. De la misma forma el ecuatoriano despavorido recurre al voto útil, por miedo a la reelección del líder feudal y cipayo que es Noboa, o a la que los medios venden como la sometida del caudillo de los “narcos que nos convertirán en Venezuela”.

Así, en una elección de 16 candidatos, dos sacaron más del 40%, chupando directamente los votos de los otros por miedo a que el opositor gane en una vuelta. La regla del 40+10 en la práctica hace que la primera vuelta no refleje las reales preferencias de la población. Ya hemos enunciado la importancia del voto estratégico, en Japón la manipulación fue tal que Kawai y Watanabe (2015) estiman los votantes estratégicos de una elección entre 63% y 85%.

En nuestro país las encuestas electorales siempre amañadas funcionan como profecías autorrealizadas, ambos candidatos se declaran victoriosos en una vuelta, haciendo que quienes los aborrecen vayan al partido directamente opositor y con más oportunidades, así se polariza la elección y se pierde representatividad. Las votaciones pierden, por tanto, su cualidad informativa sobre lo que la población desea transmitir al político.

Téngase presente la ya olvidada prohibición de participación a Topic, la cual hubiese reducido fuertemente las posibilidades de una sola vuelta, diluyendo los votos de ambos bandos, a su vez aplacando la necesidad del voto útil, e impactando indirectamente en la representatividad del voto de primera vuelta, desvelando de mejor manera las preferencias de la población permitiendo gobernar mejor. El sistema clientelista ecuatoriano se retroalimenta del “VOTO ESTRATÉGICO”, el cual, no es coincidencia, se dirige a dos partidos que más que dos ideologías distintas representan dos bloques de mercado a los cuales integrarse.

La Desnacionalización Política

Es común oír que las nuevas fuerzas ya no son derecha e izquierda, sino nacionalismo y globalización, y esto es verdad para las potencias occidentales. En Francia escogen entre el globalista Macron, y la nacionalista Le Pen, en Estados Unidos los demócratas se muestran como la fuerza globalista contra el nacionalismo de Trump. El voto popular elige si profundizar la globalización o retroceder en esta (un retroceso muchas veces inflamado por el racismo). Sin embargo, si usted ha seguido las publicaciones de nuestro pasquín sabrá que para la periferia esto no es verdad, pues dado que América Latina sufre una profunda desnacionalización militar, tecnológica y sobre todo política (articulo), el principal factor de desarrollo o subdesarrollo desde los años 80, con el fin de la substitución de importaciones, es el sector externo (artículo).

Consecuentemente, en América Latina, la propuesta nacionalista es casi inexistente (con excepciones), en Ecuador precisamente, no escogemos globalizar o recluirnos, escogemos ser vasallo de un bloque o del otro. Esto no es nada nuevo, en “La colonialidad del Poder” Aníbal Quijano describe a las elites latinoamericanas como correas de transmisión de las potencias. El mecanismo es visible actualmente por la forma en que Noboa apresa campesinos para defender a una minera canadiense de la que es accionista (pruebas y detalles aquí).

En su sistema, del mundo unipolar de los años 2000, la posibilidad de ser el perrito fiel de la potencia se lo disputan la burguesía capitalista, como el banquero Lasso, y la burguesía Feudal, como el bananero Noboa. Lo nuevo, es la entrada de China a América Latina (2005-2017), creando un tercer grupo en disputa por el poder, la burguesía política, la cual no ostenta el poder empresarial de este continente, creando así por primera vez un antagonismo entre el poder político y el económico, que históricamente han estado coludidos.

Cabe mencionar que, si existe una opción nacionalista, que al menos en teoría (pues no han tenido la oportunidad de la práctica), propone reducir la dependencia de ambos bloques, limitando el extractivismo, y reforzando la economía local a través de la diversificación productiva y el impulso al consumo interno. El partido indígena del Ecuador pretende derrocar el sistema político, pasando del hiperpresidencialismo (que facilita la compra de conciencias) hacía uno de toma decisiones colectivas con una democracia participativa, donde el ciudadano tendría que hacer el tiempo de preocuparse de moldear la sociedad y no simplemente participar de ella. Sin embargo, parece casi imposible que el partido nacionalista gane democráticamente en un país que se odia a sí mismo y enaltece todo lo extranjero. El regionalismo y el racismo hacen que en la Costa su votación sea casi inexistente, y en la sierra su techo esté limitado.

En fin, ¿qué significa concretamente la desnacionalización política? Simple, regresemos a ver el caso de Argentina, quién ya tenía su entrada aceptada en los Brics, la hubiese concretado (como líder de bloque) si votaba a Massa; con la victoria de Milei, se decidieron por ser vasallo fiel de Estados Unidos e Israel. Fue una elección esencialmente geopolítica decidida por la inflación y la economía. En Ecuador, sucede lo mismo, una elección geopolítica, que se decide por la inseguridad y la comunicación (TikTok, cartones y tales). Es interesante que en lo que a comunicación se refiere el ecuatoriano parece preferir al más altanero y menos autocritico pues, cuando a uno u otro partido se le exigen disculpas públicas, compiten por ver cuál es más original en cumplir la sentencia de forma irónica, poniendo en el ministerio del trabajo un cartel invisible, o pidiéndolas con el acrónimo “Niña Vaga” escondido.

Convengamos que, por el bajo poder de negociación de esta pequeña nación, es muy posible que ni siquiera tengamos elección, que no escojamos nuestro camino en el mundo, sino que esté nos escoja. En efecto, si remar a contracorriente de los ciclos mundiales parece ser casi siempre la estrategia geopolítica más conveniente en el largo plazo, Ecuador es un país seguidor por excelencia, cuando Latinoamérica fue burbuja de influencia china, se alineo con los chinos (correísmo), apenas volvió a ser ficha gringa (2017), Lenin cambio de rumbo como lo hace un velero con la brisa, remplazando el financiamiento de bancos públicos Chinos por el del FMI (articulo). País pequeño y de frágiles instituciones es presa fácil.

En fin, por la elección de Trump, y el regreso del crecimiento de Estados Unidos “hacía adentro”, notamos que en este caso, podemos elegir a Noboa, e integrarnos al bloque de Estados Unidos e Israel (no digo de Argentina, porque este bloque se caracteriza por una integración unilateral, o sea somos del mismo equipo pero todos jugamos para el 10, Estados Unidos), o integrarnos al bloque multilateral del vecino colombiano, de Brasil, de China y De Rusia, caracterizado por su baja jerarquización y diversidad. Aun así, el principal choque entre potencias es entre Estados Unidos y China, por lo que a continuación analizamos los capitalismos de cada uno y como estos se retransmiten hacía sus periferias.

El Capitalismo meritocrático de Estados Unidos

El capitalismo meritocrático es un sistema de desigualdad natural, pues, el tiempo de trabajo de un humano es limitado, mientras el rendimiento del capital crece conforme crece el capital, sin límites. Así, mientras más pasan las generaciones y las herencias, mayor es la riqueza de los más ricos, mientras quienes dependen de su salario no acumulan pues se lo gastan. La riqueza se acumula y se concentra, la renta se diluye. Agréguele a eso que quienes tienen mayor riqueza suelen también tener salarios más altos como causa de la preparación y los contactos a los que tuvieron acceso por dicha riqueza, teniendo también mayor renta. 

Naturalmente la desigualdad heredada se mantiene y se reproduce, llegando a la enorme brecha de riqueza actual, la cual se retransmite en todavía mayor control empresarial de la política: Elon Musk con su propio Meme-ministerio. En el capitalismo meritocrático se desarrolla una amoralidad de las clases dirigentes donde se considera a todo lo que permita reforzar la posición dominante como ipso facto deseable. De esta forma, la elite prefiere que la educación sea cara, porque así refuerza su poder y su reproducción. Así, la escuela privada y de calidad de Ecuador selecciona a los más acomodados como lo hacen las prestigiosas universidades gringas.

Luego, el 1% es quién financia las campañas de los políticos, por lo que se financia el estado con el dinero de la clase media y los pobres. Así, el sistema político adyacente a este sistema económico es que las empresas manejan al estado, un diablesco amorío de puertas giratorias entre los capitalistas y los legisladores; la famosa oligarquía. Cómo lo ponía Marx: “el Gobierno viene a ser, pura y simplemente, el Consejo de Administración que rige los intereses colectivos de la clase burguesa”. Bajo este régimen las desigualdades se reproducen a través del mercado y la falta de oportunidades.

Como punto positivo, Milanovic escribe: “Como la clase alta no viene definida por criterios hereditarios u ocupacionales, sino que se basa en el patrimonio y la formación, es una clase alta «abierta». Acapara a los mejores de entre los miembros de las clases inferiores, que han sido capaces de hacerse ricos y de obtener una educación superior.” Convengamos que los mejores para hacer dinero no significa los mejores para la sociedad.

En fin, de todas formas, este es su sistema interno, para nosotros el interés es como este se exporta hacía afuera, y en eso América Latina tiene amplia experiencia, mantiene una relación desigual con Estados Unidos desde su independencia, en la que este usa y abusa de sus recursos mientras corrompe a sus políticos.

El crecimiento del sistema del capitalismo meritocrático, su reproducción, depende de abrir nuevos mercados de captar nuevos trabajadores, pues como dijimos el trabajo es limitado, más no lo es el capital. De esta forma, los numerosos golpes de estados, la expansión minera, el financiamiento de ONGs, la uniformización cultural, no son características que se puedan prender o apagar, son intrínsecos al capitalismo meritocrático de los gringos.

El capitalismo meritocrático es por naturaleza imperialista pues el capital no conoce fronteras y necesita seguir expandiendo, necesita de una periferia sometida, de un Noboa que los invité a formar a nuestros militares que solo existen para de ellos defendernos, que invité su inversión para atraer turismo de afuera proveyendo trabajo a las mismas personas que se les quita su ambiente de subsistencia, como fue intentado en Olón y en la consulta popular (articulo). Esta opción consiste en profundizar la dependencia y el camino actual en un mundo donde la cortina de humo se ha levantado, el orden mundial se encuentra mutando, y podría agarrarnos como único vasallo de un imperio decadente.

El Capitalismo Político de China

Lin Yutang explica que en China cada familia es una unidad comunista de alta ayuda mutua alentado por el sentido de la obligación moral y el deber. De esta forma la malversación de fondos es un vicio público, pero es siempre una virtud familiar (vemos aquí un paralelo con América Latina). Existe un conflicto entre conciencia social y conciencia familiar. Así China es una recolección de unidades comunistas compitiendo de forma capitalista, sin dar importancia a quienes no pertenecen a su entorno, una forma extrema del “altruismo parroquial” explicado en nuestro anterior artículo. El comunismo chino engendró el individualismo chino, donde la cooperación familiar resulta en una cleptomanía general con tintes altruistas.

Esto concuerda con la descripción del capitalismo político hecha por Milanovic, se caracteriza por la prevalencia del poder político sobre el económico. A pesar de que en China existan empresas multimillonarias, estas no tienen el manejo del partido único, al contrario, atienden a sus intereses, por lo que, a diferencia de Estados Unidos, en China comúnmente se oyen noticias de millonarios corruptos condenados a muerte. Así en un sistema donde la corrupción es INTRÍNSECA, la forma para que no se les escape de las manos fue hacer rodar una cabeza cada cierto tiempo. Así, 800 miembros del PCC, incluyendo cabecillas, que robaron un promedio de 20 millones de dólares entre 2012 y 2021 fueron apresados un promedio de 34 años[1].

Esta centralización política de partido único viene acompañada de una descentralización económica regional, los dirigentes locales pueden ser considerados delegados plenipotenciarios cuasi-independientes de las autoridades centrales. Su ascenso en el partido depende de objetivos medibles, premiando así el éxito y castigando la ineficiencia. El capitalismo político tiene su propia meritocracia, con la diferencia que es una meritocracia pública.

Estados Unidos ideológicamente insiste en la democracia dentro de los países, a la vez que forma relaciones internacionales jerárquicas, mientras China no muestra interés en la política interior de quienes benefician de su apoyo. Mientras occidente trae todo tipo de ofrendas “posmateriales”, como discursos sobre la importancia de la democracia, China trae inversión material a través de la Ruta de la Seda: puertos e hidroeléctricas. Esto es visible por la cantidad de bien público construido con inversión China entre 2005 y 2017, y la consecución de nada entre 2017 y 2025 con una cantidad equivalente de préstamos del FMI. 

A diferencia de los golpistas democráticos, China no tiene interés en la política interior de sus socios comerciales. Históricamente son un país que rehúye la integración, como lo muestra físicamente su muralla, sin embargo, han tomado una postura activa en la esfera internacional como estrategia de supervivencia, frente al intento de colonización inglés, las guerras del opio, y el siglo de la vergüenza donde extranjeros tenían más derechos que los chinos en su propio territorio, como sucede ahora en América Latina, donde como ejemplo más leve tenemos que durante el COVID en Costa Rica las fiestas estaban permitidas solo en los Hosteles.

Así, es muy común que las personas prefieran culturalmente y como sistema político a Estados Unidos por sobre China, en todo su derecho, pero responden a la pregunta incorrecta. No es en donde prefieres vivir, sino la forma en que el sistema se exporta. En ese sentido, a China le conviene el mundo multipolar, pues, como nota Emmanuel Todd, China tiene una población envejecida y es reacia a la migración, lo que no le permitirá afirmarse como Imperio único, también su posición internacional es más reactiva que activa. Así, los BRICS, por su diversa constitución, parecen ofrecer mayores posibilidades de autodeterminación.

Justamente, el capitalismo político ha funcionado porque es propio a las características chinas, por más que en Ecuador se lo estudie no significa que se lo copie correctamente. Miles de fallas son posibles, por ejemplo, la descentralización económica puede acabar en incapacidad del gobierno central de controlar a las ciudades. De hecho, el correísmo fue un intento de capitalismo político, que falló en el largo plazo por estar basado en la imagen de un solo hombre, y por las características mismas del sistema político y social ecuatoriano. Así, en la constitución de 2008 se intentó emular la libertad económica de los gobiernos provinciales a la vez que se hicieron formulas políticas ridículamente hiperpresidencialistas como la muerte cruzada que permite disolver la asamblea y ser dictador (“gobernar por decreto”) 6 meses. No deja de ser irónico que haya sido el banquero quién haga uso de esta rehuyendo sus nexos con la mafia y la corrupción de su corto gobierno.

La elección de Ecuador

Queda entonces para escoger en Ecuador entre servir para el triunfo, el estancamiento o la disolución de cualquier de los dos sistemas políticos dominantes, cada cual con su propia interacción con el orden mundial. La primera opción es la plutocracia, un sistema en el que el poder económico y el poder político están fusionados, en economía industrial se diría que tenemos un monopolio de mercados complementarios. Mas o menos como Microsoft vendiendo compus con su propio software ya instalado.

Si bien la plutocracia es la opción funcional al modelo gringo, sus características en Ecuador se asimilan más al modelo ruso: hombres de negocio alineados y Estado trabajando de la mano para maximizar el beneficio cada uno, siendo el estado una empresa más. Con la pequeña diferencia que aquí el poder del estado si cambia de manos por lo que se prioriza las ganancias de corto plazo y monetarias por sobre las estructurales: corrupción desenfrenada; compra de generadores que nunca llegan.

Mientras las elites económicas no estén alineadas entre ellas, el riesgo de autoritarismo se ve reducido. En el caso contrario, Adam Smith, decía que el gobierno de la oligarquía y el libre mercado ofrecía peor trato a las personas esclavizadas (hoy llámenlos trabajadores precarios, flashback de la consulta) que los gobiernos autoritarios, pues en un gobierno oligárquico representativo, el poder lo tienen los mismos que poseen los esclavos, por lo que emanciparlos significaría que el grupo de amigos en el poder perdería una enorme cantidad de capital.

Así uno de estos oligarcas lo crea conveniente desde el punto de vista económico, no puede proponer su liberación, pues sus pares lo tacharían de loco (o de narco). Smith notaba que, el mayor miedo de los oligarcas era la revolución, por lo que siempre convino mantener en condiciones de subsistencia a las masas (la austeridad). Entre más desigualdad, más asustados de una posible rebelión estarían los oligarcas, y por tanto peores métodos de sumisión usarían. Por eso, demonizan de esa forma a Leónidas Iza, por eso odian a Correa a pesar de ellos hacer exactamente lo que de él critican, y por eso mantienen el miedo a través de desapariciones forzadas.

En su momento la inversión china reforzó el poder político del gobierno de turno, permitiendo la desinstitucionalización, con una corrupción desenfrenada y sin controles. Luego, en 2017, las aguas cambiaron de rumbo y Ecuador las siguió con gusto. Como es costumbre en la burbuja de influencia gringa, se aprovechó esta desinstitucionalización para reforzar el poder del narco y repartirles su parte del pastel. Los medios perdieron su antagonismo con el poder, se volvieron serviles y mientras los políticos traficaban bolsas de cadáveres, usaban buques petroleros para el transporte de drogas, y nos encontrábamos sin luz por días enteros, seguían vendiendo la misma narrativa culpando al correísmo.

Hoy en 2025, nos encontramos en una situación diferente, no hay una burbuja de influencia a la cual seguir o rechazar contundentemente, hay dos (o más) bloques luchando por un nuevo orden mundial. La cortina ya no es de hierro, es de humo, por lo que escoger una no significa en principio un rechazo contundente a la otra, un 24% de las exportaciones de Ecuador van a Estados Unidos (en su mayoría petróleo) y un 15% hacía China (crustáceos).

Para un país pequeño como Ecuador, el mejor camino es siempre una resistencia sin antagonismos marcados que puedan llevarlo al aislamiento forzado como Venezuela. Por algo Kissinger dijo “Ser enemigo de Estados Unidos es peligroso, ser su amigo es fatal”; lo están comprobando en este mismo momento Ucrania y Alemania. Remar contra la marea gringa hoy y remar contra la siguiente marea mañana, con mayor facilidad pues tendríamos 200 años menos de atraso en la dependencia.

El resultado de esta elección marcará la posición futura del Ecuador en el orden mundial a venir, seremos vasallos de un imperio decadente, cayendo en tutelaje o participaremos activamente en la construcción de un nuevo orden, y de un nuevo sistema político interno (teniendo a su vez que la población resistir al gobierno), soñando con algún día gobernarnos nosotros mismos.

Bibliografía

Kawai, K., and Y. Watanabe (2013). “Inferring Strategic Voting.” American Economic Review

Branko Milanovic, “Capitalismo y Nada Más”

Lin Yutang, “Mi Patria y Mi pueblo”

Adam Smith, “La riqueza de las naciones”

[1] https://stonecenter.gc.cuny.edu/files/2024/09/china_corruption_final.pdf

+ posts

Economista especializado en regulación de la competencia, con conocimientos variados en las diferentes temáticas de la disciplina: economía política, desarrollo, medioambiente, fiscal. Trabajé durante un año en una consultora financiera en Brasil (Fusiones y adquisiciones) y 4 años haciendo consultorías para CEPAL, además de una consultoría sobre salud mental y ambiente laboral en Chile, y otra de 6 meses sobre la historia del desplazamiento forzado en Mozambique para la London Bussiness school.

No solo entiendo los temas en los que me especializo, sino que trazo las diferentes relaciones entre ellos para tener una visión completa del panorama. Junto a eso, manejo bases de datos y softwares como Stata, asegurándome así que la narrativa y la estadística vayan de la mano. Hablo español, inglés, francés y portugués. Soy sociable, persistente, curioso, organizado, trabajo bien en equipo y bajo presión. Usted entrégueme un trabajo y yo seré especialista en el tema, pues siempre estoy dispuesto a aprender y me adapto a cualquier circunstancia, un día me encuentra haciendo presentaciones a altos funcionarios, al siguiente jugando fútbol en la favela.

Leave a Comment

Your email address will not be published. Required fields are marked *